LA SITUACIÓN DE LA SALUD MENTAL DE NUESTROS NIÑOS Y NIÑAS ESTÁ EMPEORANDO

En los últimos días, he recibido datos significativos sobre la salud mental de los niños y niñas a través de diferentes fuentes de información. Como psicóloga y madre, es un tema que me genera especial preocupación.

Yo prefiero dejar de lado la palabra correspondiente al diagnóstico y hablar de emociones o síntomas. La palabra correspondiente al diagnóstico, y las condiciones que deben cumplirse para establecerlo, van cambiando a lo largo de los años; las emociones y los síntomas, en cambio, se mantienen a lo largo del tiempo.

A menudo pensamos que los niños y niñas no tienen problemas y que viven felices; pero también existen casos contrarios. Tienen sus propios miedos y preocupaciones, algunos reales y otros creados por su imaginación. Muchas veces no entienden qué les ocurre, no pueden expresarlo ni tampoco gestionar la situación; estas capacidades se desarrollan progresivamente.

Esta situación no es nada fácil, ni para el niño o niña ni para quienes le rodean. Suele tener consecuencias en la escuela, tanto en el rendimiento como a la hora de crear y mantener relaciones. En ocasiones cuentan con pocos recursos para hacer frente a la frustración, y es habitual que disminuya su capacidad para disfrutar de diferentes actividades.

Las familias también sufren mucho. A menudo sienten que la conducta se vuelve incontrolable, y no comprender lo que ocurre o sentir que no pueden ayudar genera una gran frustración. Después de recibir un diagnóstico, suele aparecer una pregunta: ¿por qué? No es fácil dar una respuesta única y completa a esta pregunta, ya que influyen diferentes factores: ambientales, personales, psicológicos y biológicos. Por lo tanto, por ejemplo, la depresión y la ansiedad son consecuencia de la interacción entre diferentes factores.

Entre los factores ambientales se encuentran la familia y el estilo educativo utilizado, siendo algunos de los más importantes. Después están la escuela y los tipos de relaciones. Junto a esto, también están las conductas y formas de pensar de cada persona, aprendidas en función del contexto; así como la salud mental propia y la de quienes nos rodean y los factores biológicos, incluidos aquellos en los que la herencia tiene un peso.

Estos hechos muestran que es necesario mirar al contexto; debemos ver y aceptar que algo necesita un cambio. No quiero caer en tópicos, ni limitarme a decir «tómatelo con calma». La perspectiva no consiste en buscar a un culpable ni en castigarnos a nosotros mismos, sino en aprender qué se puede mejorar y cómo hacerlo.

Cuando el cuerpo siente que algo necesita cambiar, nos envía mensajes. Sin embargo, a menudo, en lugar de intentar comprender lo que está ocurriendo, tratamos de ocultarlo; y, de esta manera, la situación vuelve a aparecer.

Escucha a tu cuerpo.

Hasta pronto.

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