Llevo muchos años escuchando que la salud mental es un fenómeno nuevo, que antes las personas eran más resilientes al sufrimiento.
Es innegable que hemos cambiado, pero también lo han hecho nuestras circunstancias.
Antes también se sufría, se tenía depresión o ansiedad, pero se enmascaraba de otras formas. No se tenía el conocimiento o el acceso que tenemos hoy en día sobre estos temas.
Además, es innegable que el contexto ha cambiado y, aun sabiendo que para mucha gente se ha evolucionado, quizás sí en ciertos puntos de la vida, hemos perdido la libertad.
Soy una mujer que ha crecido en un entorno rural, mi abuela, una mujer trabajadora y luchadora si las hay, no ha conocido las comodidades que tenemos hoy en día, pero vivía en plena naturaleza, los horarios los marcaba la naturaleza, al igual que las rutinas.
Tenía cerca a sus hijos y a su marido, la mayoría trabajaban en la propia casa como ganaderos o agricultores.
Hoy en día todos tenemos rutinas muy cerradas, trabajos que pocas veces nos apasionan, metidos muchas veces en cuatro paredes, y esto, aunque parezca que es un adelanto, afecta nuestra salud mental.
Por todo ello, he querido crear un proyecto que, como bien lo ha demostrado la ciencia, tenga en consideración de dónde venimos, lejos del bullicio, las grandes ciudades, lo ostentoso y la grandeza, a lo que es nuestra cuna, la naturaleza. Y esto no va de pseudociencias como las brujerías ni mucho menos, se trata de un proyecto que tiene como eje principal la ciencia y la innovación clínica, pero aprovechando el poder de la naturaleza como regulador natural.